JULIO SANZ OREJUDO DECANO DEL ILUSTRE COLEGIO DE ABOGADOS DE SEGOVIA
nortecastilla.es
«El abogado de turno de oficio es el que de verdad mantiene el Estado de Derecho»
El decano del Colegio de Abogados de Segovia, que cumple un año de mandato, da un repaso al momento que atraviesa la profesión.
Elegido decano del Ilustre Colegio de Abogados de Segovia en diciembre del 2007, Julio Sanz Orejudo tomó posesión dos meses después. Lleva, pues, un año al frente de la corporación de los letrados segovianos, un año precisamente muy complicado para la Administración de Justicia.
-¿Cuál es el balance?
-Por una cuestión de elemental prudencia, el balance han de hacerlo los demás. Yo sólo puedo decir que hemos tratado de dinamizar la vida del colegio, de prestar el mejor servicio a nuestros colegiados y de hacer ver a la sociedad que hay un colegio de abogados que cumple su función social, que merece mucho la pena que el trabajo que desempeñan los abogados se reconozca, porque somos una parte sustancial del servicio público de la Justicia.
-Pero según el último Barómetro de la Abogacía, la sociedad les valora.
-Sí, es cierto; nos salvamos de la quema en estos tiempos que corren en que parece que la Administración de Justicia es un desastre, después de las huelgas de funcionarios y jueces. Y pienso que si nos salvamos de la quema no es por casualidad, sino porque cumplimos con nuestro trabajo y asumimos nuestra responsabilidad. Y destacaría a los letrados que se dedican a la función social, porque estos sí son los que de verdad mantienen el Estado de Derecho.
-Volviendo al balance, ¿qué objetivos concretos ha podido alcanzar en un año?
-Es poco tiempo, aunque ha sido un año realmente intenso. Uno de nuestros objetivos es que los colegiados sientan el colegio. Los colegios de abogados, históricamente, han cumplido un papel, pero ahora, con la abogacía del siglo XXI, tienen que cumplir otro, y para ese otro papel, es muy importante que los abogados sientan que existe un colegio que, en el fondo, les va a servir de refuerzo de su posición personal y profesional. Nosotros hemos dinamizado mucho la actividad de la corporación, a través de la puesta en marcha de una página web muy útil que desde junio ha registrado 29.628 entradas, y del ofrecimiento de una base de datos absolutamente gratuita en materia de legislación y jurisprudencia, la cual no deja de ser un instrumento necesario para poder acometer nuestros trabajos, etcétera. También hemos apostado por mantener la formación de los profesionales como uno de los pilares fundamentales del reciclaje, sobre todo para los jóvenes y en materias tan sensibles como la violencia de género, extranjería y el procedimiento concursal, algo muy actual. Y destacaría ese compromiso con la Universidad de Valladolid para posibilitar que los estudiantes de Derecho hagan prácticas en los despachos, colaboren a través del servicio de orientación jurídica e incluso puedan asistir a los juicios.
-Hablaba de la función social de los abogados, ¿cómo estamos en Segovia en este campo?
-Tenemos un centenar de abogados al servicio del turno de oficio que hacen seis guardias diarias y rotan cada veintidós días, lo que supone un gran esfuerzo para los profesionales, que se tienen que desplazar a atender a los detenidos y emplearse a fondo para mantener vivo el derecho de defensa, tan esencial en estos tiempos. El turno de oficio, la asistencia gratuita a personas sin recursos económicos, es un servicio que queremos hacer cada vez mejor. En algunas autonomías ya se han oído voces que abogan por privatizar este tipo de servicios. Bien, pues frente a ello hay que potenciar nuestro papel y hacer bien el trabajo. Tenemos que demostrar a los poderes públicos que esta labor es muy importante para la defensa del Estado de Derecho. La abogacía de oficio es esa abogacía silenciosa, real, callada, que espera en pasillos, que es diligente, prudente y respetuosa con el trabajo de los jueces, que asiste y atiende a las personas que lo necesitan. Los únicos que defendemos al ciudadano sin posibles somos los abogados a través de los colegios y de la delegación que el Estado nos hace del sistema social de protección del turno y de la asistencia al detenido. El letrado que a las dos de la mañana está cumpliendo con su obligación en una comisaría está defendiendo el Estado de Derecho y la paz social, y es el único interlocutor del detenido frente a la sociedad y frente al poder Judicial. El turno de oficio nace históricamente por iniciativa de los colegios de abogados, de ahí la importancia de mantener esta función. Y lucharemos en cuerpo y alma por mantenerla en beneficio tanto de los abogados que se inician en la profesión, como de la sociedad en general.
-¿Hay mucho trabajo en los juzgados debido a la crisis económica? ¿Se nota especialmente en el turno de oficio?
-Evidentemente, ha crecido. Cerramos el 2008 con 1.400 expedientes, y en la última comisión de justicia gratuita celebrada en febrero comprobamos que ya rondábamos los doscientos asuntos desde que empezó el año. Esto significa que hay un gran incremento en la demanda de abogados para la defensa de los justiciables y que ese incremento está muy circunscrito en materia laboral, contenciosa y penal. La situación de precariedad económica y laboral genera otros conflictos que entran en el ámbito de lo penal, pues crece la conflictividad social en general: violencia doméstica, pequeños y grandes hurtos... La actividad es mayor. Y lo estamos notando.
-O sea que los abogados se salvan de las consecuencias económicas de la crisis.
-No, no. La crisis también nos afecta. Nosotros tenemos que seguir cumpliendo un papel y sufrimos los impagos, aunque evidentemente la función social del turno de oficio viene cubierta por el Estado -en pequeñas dimensiones, claro, que nadie piense que aquí hay abogados que viven de la abogacía a través del Estado-.
-Hace unos meses, en mayo, presentaba el Barómetro de la Abogacía y se lamentaba de la escasa incorporación de letrados, de la ausencia de un relevo generacional en el seno del colegio. ¿Cómo está la situación en este momento?
-Durante el año pasado sólo tuvimos once incorporaciones, muchas de las cuales fueron de abogados no ejercientes. Esto es preocupante y denota una situación delicada.
-¿A qué se debe?
-No se sabe a ciencia cierta. En su día, el Colegio Universitario Domingo de Soto favoreció mucho las incorporaciones. Hubo un tiempo, en los ochenta, en que se incorporaban más de veinte jóvenes al año. Luego se produjo un parón y a raíz de la Ley de Acceso se volvió a reactivar, pero ahora el problema es que hay muy pocos estudiantes de Derecho aquí en Segovia. Del último curso, de quinto, sólo tenemos seis en prácticas a través de ese convenio con la Universidad. Esto, para una abogacía como la segoviana, que es muy veterana, constituye un problema a medio plazo. No hay relevo generacional y existen grandes vacíos generacionales. Mi acceso al Decanato, sin ir más lejos, es fruto de un vacío generacional entre la generación del decano anterior, José Antonio Sanz Castillo, y la mía. Existe un problema sociológico que tendrá consecuencias en el futuro.
-¿Cuántos colegiados son?
-En la actualidad somos 412 colegiados, 263 ejercientes y 111 no ejercientes. Para una provincia como la de Segovia no somos pocos, pero hemos sido muchos más. Cuando para ejercer en Segovia era necesario estar colegiado aquí, la presión de Madrid era muy fuerte y se incorporaba mucha gente de esa provincia.
-Desde un punto de vista humano, ¿qué le está aportando ser decano?
-El hecho de resolver conflictos entre compañeros, a través de la mediación, es gratificante, y de igual manera, saber que estás realizando un trabajo sin remuneración, por aquello de lo ejemplarizante que puede resultar en los tiempos que corren. También hay momentos amargos, porque como en todo colectivo subyacen dificultades que tratamos de atacar desde la deontología.
-¿Qué retos de futuro tiene?
-Hay asignaturas pendientes. En estos momentos, existe una gran lucha de los abogados por la dignificación, tanto en lo económico -turno de oficio, etcétera- como en las relaciones que mantenemos con los Juzgados, que son extraordinarias desde el punto de vista institucional, pero en el día a día los letrados tienen dificultades para ejercer su trabajo por distintas y variadas razones. Y, bueno, también se extiende una preocupación por el futuro de la abogacía, que no deja de ser incierto. Lo que suceda con el turno de oficio nos preocupa, y por supuesto, la directiva europea que obliga a liberalizar los servicios profesionales, sin olvidarnos de la Ley de Acceso a la profesión, que regulará ese acceso al ejercicio de la misma. Nosotros, aquí en la provincia, no sabemos cómo vamos a quedar, pero procuraremos seguir desempeñando nuestro gran papel, que es hacer las cosas bien para que el futuro depare a la profesión cotas importantes de satisfacción. Se dice que la abogacía es una profesión libre e independiente, y yo creo que la libertad y la independencia, junto con la regla de la buena fe, son principios básicos en nuestro comportamiento, en nuestro hacer y en el reconocimiento que la sociedad nos dispensa. Y nos lo dispensa porque estamos muy cerca de los demás.
http://www.nortecastilla.es/20090308/segovia/abogado-turno-oficio-verdad-20090308.html
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18/05/2009 SOJ